My heart is low, my heart is so low,
as only a woman's heart can be...
Pocas veces recuerdo los encuentros, recuerdo mejor las despedidas, es una mala costumbre. Curioseando en los archivos mentales descubro imágenes, conservo frases o melodías de alguna etapa concreta de mi vida, llevan ahí años y yo sin saberlo, de pronto algo te suena y no sabes de que pero es agradable, como haberlo vivido antes y poder reconstruirlo con los pocos detalles que te quedan en ese rincón oscuro [memoria episódica]. Aunque supongo que las conexiones químicas están muy bien estructuradas, me parece que las neuronas además de almacenar recuerdos se encargan también de modificarlos y alterarlos a su gusto, en el peor de los casos, incluso de borrarlos, llegando a hacernos creer que eso no ocurrió, aunque las consecuencias existan. No es que recuerde todo lo bueno y olvide todo lo malo, pero sí es cierto que hay ciertos episodios que no recuerdo lo más mínimo. Sé que ocurrió y podría recrear ese instante mentalmente pero no sería real porque apenas tengo datos para hacerlo, no tengo detalles, sólo un lugar y una frase, el resto creo que te queda para recordarlo a tí. Todos los días de tu vida. Otras veces parece como si al repetir una acción determinada (como al aprender a leer) la memoria fuese recopilando en una base de datos neuronal ciertas reglas sobre esa acción que no se olvidarán jamás, [memoria semántica]. Se da el caso en que se aprende mal. Y tarde. Aunque de eso te acuerdas toda la vida.
La memoria es traicionera y al final recordará lo que la venga en gana, a mi modo de ver, casi aleatoriamente. El cuerpo sin embargo, tiene su propia memoria, él no olvida tan rápido como el alma. Puedo llevar años sin tocar el piano, la guitarra... y aunque no recuerde en que nota comenzaba esa partitura, me siento a interpretarla y es como si las manos recordaran perfectamente cada una de las teclas, cuerdas... que deben pulsar. Y puede que sea así siempre, insensibles a mis suspiros, llevando su propia vida clandestina, completamente ajena a la razón y...
quien sabe si tienen algo que decirme, algo que recordarme o quizá hoy estén tan frias y encogidas porque se ven enamoradas (y no correspondidas) de otro par de manos cuyo propietario desconozco... Y así con muchas más partes del cuerpo, el corazón se acelera cuando te veo y no sé hasta que punto lo ordeno yo o es él mismo, que se acuerda perfectamente de la última vez. Como para olvidarte...
[lo esencial es invisible a los ojos]
Gestos, comunicación entre trozos de carne, piel y huesos, creo que tus labios se acuerdan de mí pero no saben decírselo a los míos, lenguaje corporal sin precedentes no sirve de nada. Hay que observarlo y escucharlo todo, por eso, aunque no sea el día, aunque no tenga tiempo, creo que me sentaré un rato y cogeré mi guitarra para escuchar atentamente todo lo que mis manos quieran decirme hoy, puede que entienda algo.
Ácida S

Mi vida siempre le ha tenido mucho respeto al equilibrio, y si hay un post que se llama “blanco” para mí tiene que haber otro que se llame “negro”. El negro no es un color, es la ausencia de luz. Pero no vengo aquí a hablar de la oscuridad del corazón, eso ya lo haré en otro post… uno muy triste, cuando esté preparada, sólo quería compartir la armonía que he encontrado a lo largo de los años en vivir como si estuviera en otra época, una con castillos, guerreros a caballo con espadas, largos vestidos negros ceñidos a la cintura, corsés, muñequeras, brazaletes… eso que llamáis mundo gótico o siniestro y que ahora se relaciona con abrigos largos de cuero (antes góticos que de esa insufrible película llamada matrix) sombras de ojos, uñas negras, collares de pinchos, remaches, cruces, plataformas con hebillas, ropa de rejilla, terciopelos, crucifijos, gargantillas esclava, cadenas, tacón de aguja para los días especiales… en fin un mundo perfecto en negro y plata. En mi cabeza siempre han existido dos mundos perfectos, ese es uno. Ya sé que puede ser aburrido rodearte de cosas sin color. Pero tengo derecho a sentir que el negro me alegra, que me da serenidad y porqué no, entereza. Lo he tenido muy claro desde que era pequeña, yo iba a tener el pelo largo y negro, me iba a pintar los ojos de negro, iba a vestir de negro y me iba a gustar The Cure, Cradle of Filth y Marilyn Manson. Así creé mi entorno y evolucionó mi mente leyendo todo aquello que podía sobre cómo morimos, fui desarrollando cierta independencia económica que me permitía atesorar pequeñas reliquias, vestidos negros, faldas largas, botas de plataforma, camisetas de rejilla, lycras, ajustadas a mis huesos más que a mi carne, cadenas, botes de tinte negro para dejarme la melena cual peluca (tipo Virtudes o Azúcar Moreno qué se yo) pendientes de cruces, anillos de calaveras, crucifijos invertidos, ropa interior negra, libros de religiones no Cristianas… cuantos lápices de ojos habrán pasado por mis manos? esmaltes de uñas, brazaletes y muñequeras de pinchos? Aquellos tiempos. Y ahora que me he reinsertado en la sociedad, en el mundo laboral, no-liberal, en un mundo de hipocresía en que todo el mundo te juzga por lo que cree que ve, ahora que tengo algunas prendas de otros colores, (blanco, rojo y gris nada más) intento conservar alguna traza de mi misma, de la imagen que construí con tanto afán y tanto mimo. Y puede que vaya vestida de otros colores, pero siempre hay alguna cosa negra, o detalle, maquillaje no muy exagerado… que se cuela en mi indumentaria. Malory Malone es por similitud con Marilyn Manson, de donde sacaría Disney a Mickey Mouse?
Ácida S, nombre artístico (que glamour) que tiene otro significado muy distinto si lo leemos al revés. Que le voy a hacer! a diferencia de todos yo tengo sangre en las venas en lugar de horchata… Y durante mucho tiempo he aprendido a disfrutar con el sufrimiento ajeno. De pequeña te meten cosas muy raras en la cabeza y luego creces y la evolución hacia donde quieres ir es complicada, realmente hay que esforzarse por hacer siempre lo que uno quiere y no lo que está bien visto por la sociedad. No me hace falta ser cristiana, llevar un crucifijo con cadenita de oro al cuello de la comunión, no estoy ni bautizada…no he necesitado ser la más lista, ni la más guapa, ni tan siquiera la más rica. Por que ya era algo especial… ya era la más rara. Tampoco he tenido que llevar la carpeta forrada con fotos de bebé o de cantantes maricas famosos, ni quise ponerme mis primeros tacones o mi primera falda a los 14 porque todavía era una niña, realmente no quería ser una mujer y estaba mucho mejor en vaqueros o en chándal porque podía jugar al fútbol y pegar a otros niños cómodamente. Luego llegó el uniforme y esa ridícula faldita de tablas con camisa y en vez de colegialas parecíamos azafatas de congreso de 12 años, coletitas, horquillas de patitos, lazos, medias hasta la rodilla. Y mientras mis amiguitas jugaban a ser mujeres yo seguía siendo una cría ( y lo daría todo por volver) cambié las barbies por mi primera bici, mis juegos eran ayudar en casa, que la recuerdo siempre en obras, barriendo serrín, lijando maderas, quitando clavos de aquí, aprendiendo cosas allá, clases de inglés y de piano, de guitarra, de pintura, baile de salón, ir a escalar a la pedriza, artes marciales, y las niñas de mi clase pintando sus uñas rosas, poniéndose maquillaje que yo sólo utilizaba en carnavales o en las fiestas de navidad y fin de curso, disfrazadas de princesas que parecían prostitutas (la gente nace y luego se hace). En fin, tirando la infancia que años más tarde echarían de menos y darían por perdida.
Ahora miro hacia atrás y hacia delante y a pesar de que mi opción no parecía la más adecuada, me gusta todo lo que veo, lo que ya ha pasado y lo que me queda por vivir. El negro no es un color, es una forma de vida respetable como cualquier otra. Sin luz, sin dolor, a oscuras... Y quiero pensar que es en la oscuridad donde todos hemos vivido los momentos más felices.
Ácida S.